La pandemia ha dejado en evidencia que ya no es posible seguir sosteniendo nuestro modelo educativo. Llevamos décadas enfrascados en discusiones ideológicas infructuosas ancladas en el escenario de la guerra fría, sin ser capaces de resolver el problema. No solo se trata de comprender la educación como un medio para resolver las tremendas desigualdades socio-económicas que llevan a la OCDE a evaluarnos en el penúltimo lugar en este sentido, sino de la posibilidad de que nuestra economía y fuerza de trabajo esté en condiciones de competir bajo este nuevo escenario productivo, denominado 4ª Revolución Industrial.

Los estudios que comienzan a identificar las consecuencias de una economía 4.0 mencionan una reestructuración de las clases sociales, entre las cuales la elite asalariada es definida como los trabajadores del conocimiento. Según Johannessen (2019) se trata de un grupo que desarrolla y transfiere símbolos digitalizados, pudiendo trabajar de manera independiente o ser parte de una organización, pero independiente de aquello, tienden a percibir permanentemente un sueldo alto. Para ello deben tener estudios en universidades prestigiosas, donde el largo y la profundidad de sus estudios es un elemento fundamental. Los grados de master y doctorado son tan relevantes en este contexto porque permiten innovar a partir del conocimiento. En un mundo híper conectado, su reputación en redes sociales es esencial y sus oficinas son cualquier lugar que les permita tener acceso a sus herramientas de tecnología digital. Dependiendo del sistema educacional de cada país, una proporción mayor o menor de sus ciudadanos podrán ser parte de este grupo.

En el extremo desaventajado se encuentran los denominados trabajadores pobres, caracterizados por desarrollar actividades simples, de baja especialización y que no requiere el uso de tecnología. Jardinería, limpieza, comida rápida, delivery son todas actividades que demandan esfuerzo físico y cuyo valor hora tenderá a ser tan bajo, que las personas requerirán trabajar más de 10 horas al día solo para llegar a fin de mes. Como trabajarán por hora, no tendrán acceso a la seguridad y salud ocupacional que entrega una empresa a sus empleados estables, ni el orgullo o identidad proveniente de pertenecer a una organización. Dependerán por lo tanto de la calidad de los servicios y políticas públicas de cada país.

Los países nórdicos, ejemplo de desarrollo y bienestar en estos días, fueron hace muy poco países pobres. Muchos de ellos quedaron destruidos tras la segunda guerra mundial y personas que hoy tienen más de 80 años pasaron hambre y frío en su niñez. No estamos hablando de grandes imperios que han conocido de riqueza y abundancia por siglos, sino que países pobres que vieron en la educación su principal estrategia de desarrollo económico.

Ver: https://www.linkedin.com/posts/world-economic-forum_futureofworkandsociety-nordics-activity-6688733418995388417-TBi2

Ofreciendo una educación “pública, gratuita y de calidad” (palabras tan manoseadas que hemos olvidado lo que realmente significan) han sido capaces de rescatar todo el talento humano entre sus ciudadano – el que siempre ha estado equitativamente distribuido en la sociedad – y generar con ellos desarrollo tecnológico e innovación. Tecnología e innovación basada en el conocimiento es lo único que permitirá a los países competir en este nuevo modelo productivo, pero para ello necesitamos formar individuos digitales, una fuerza de trabajo de alta calidad, lo que parte en la enseñanza pre básica.

Desde hace varios años existen softwares que miden de manera particular el aprendizaje, que permiten el estudio a distancia y transforman el conocimiento en una experiencia activa. Sistemas de enseñanza que no estandarizan a los niños ni los castigan por tener intereses o ritmos diferentes. Universidades que utilizan el Big Data pata mejorar los sistemas de evaluación y aprendizaje, y más encima!, reducir los tiempos que los profesores destinan a corregir, actividad agotadora y cargada de prejuicios asociados a la imagen que se han formado de sus alumnos.

La dificultad que mostraron los colegios para adaptarse a este contexto de pandemia es un ejemplo de lo lejos que estamos de digitalizar la educación e incorporar todos estos avances en la formación de nuestros niños. Si no definimos pronto una estrategia nacional de desarrollo basada en una educación 4.0, nuestra población contará con una enorme proporción de trabajadores pobres y el valor productivo del conocimiento estará en una elite incluso en más reducida que la que tiene Chile hoy. 

¿Hemos digitalizado y automatizado los sistemas de selección de personal y capacitación en nuestras empresa?

¿Podemos transformar a un colegio en una organización de innovación?

En CB Estudios queremos aportar en estos temas. Contáctanos para ver qué podemos hacer juntos.

 1.- https://www.oecd.org/chile/sag2019-chile-es.pdf

 2.- Johannessen, J. (2019). The workplace of the future. The fourth industrial revolution, the precariat and the death of hierarchies. London and New York: Routledge.