La crisis sanitaria impuesta por el COVID 19 nos ha obligado a practicar y evaluar un nuevo modo de trabajo. Si bien muchos profesionales ya desarrollaban el homeoffice y varias compañías operan desde hace años exclusivamente de manera remota, surgen una serie de argumentos que impiden considerar esta modalidad como una alternativa viable en la mayoría de las organizaciones.

En este período de cuarentena global, generalmente no han habido procesos adecuados de inducción al teletrabajo, a lo que se suma que en los hogares tampoco han existido las condiciones ideales para desarrollar nuestras tareas laborales. Responder mails, analizar información, coordinar actividades en medio de la cocina y las tareas de los hijos, compartir computadores y experimentar señales de internet de baja calidad, sumado a la preocupación propia de una pandemia global, ha generado altos niveles de stress.

También han surgido evaluaciones positivas como consecuencia a este período, que lleva a algunas empresas a considerar eliminar costos fijos en arriendo o compra de inmuebles para oficina, observando que sus colaboradores están haciendo un buen trabajo a distancia y que las herramientas disponibles permiten continuar así. Otros han reconocido que es viable hacer su trabajo en menos tiempo, permitiéndoles destinar el resto de la jornada a la familia o a emprender en nuevos proyectos.

Sea cual sea el caso, la evolución del COVID19 posiblemente signifique nuevos períodos de reclusión en los próximos años, tal como propone un estudio desarrollado por la Universidad de Harvard y publicado recientemente en la revista Science. Por esta razón, es conveniente aprender de la experiencia y comenzar a tomar decisiones estratégicas que permitan a las organizaciones seguir funcionando a distancia, pero de manera que afecte lo menos posible a los individuos que la integran. Para los más disruptivos, esta puede incluso ser una oportunidad de reestructurar la organización, haciendo uso de las múltiples herramientas que existen disponibles para gestionar una empresa virtual.

Hasta ahora, la mayoría de los estudios que hemos podido revisar se enfocan en los impactos psicológicos del teletrabajo. Estos impactos han sido particularmente negativos, porque estamos además en un contexto de cuarentena, junto con los demás integrantes de nuestras familias y sus propios desafíos de teletrabajo y tele estudio. Por lo tanto, los altos índices de stress y angustia se asocian también a un contexto de pandemia global. Pero además, las empresas no han tenido tiempo de capacitar a sus colaboradores o de transitar al teletrabajo de manera paulatina y planificada. Todo ha sido un ejercicio de adaptación rápida y de prueba/error.

El objetivo del Primer Estudio Latinoamericano de Teletrabajo es incorporar una mirada organizacional al fenómeno, con el fin de identificar los desafíos de gestión a los que deberán adaptarse las organizaciones para hacer frente de futuros períodos de distanciamiento.

Pero lo más importante es que el teletrabajo es un indicador de una economía digital. Nuestras economías en América Latina están atrasadas en cuanto a los desafíos impuestos por la cuarta revolución industrial, y esta crisis puede ser una oportunidad para acelerar esa transformación.

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