Eurofound y la Organización Internacional del Trabajo publicaron en 2019 un informe sobre teletrabajo denominado “Trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar: consecuencias en el ámbito laboral” define el teletrabajo como “el uso de Tecnologías de la Información y Comunicaciones para trabajar fuera de las instalaciones del empleador. En este sentido, el teletrabajo surge como posibilidad con la tercera revolución industrial y el desarrollo de los computador personales y el acceso a internet.

Según un estudio de Eurostat desarrollado en 2019, sólo un 5,4% de las personas entre 15 y 64 años que viven en la Comunidad Europea solía trabajaba desde su casa antes del COVID19. Estos datos se ha mantenido relativamente estables durante la última década, sin embargo, la cantidad de personas que a veces trabaja en casa y otras veces trabaja en el los emplazamientos de su organización, ha aumentado de 6% en 2009 a 9% en 2019.

Este mismo estudio muestra que la cantidad de trabajadores independientes ha aumentado en la última década y son más proclives a desarrollar sus actividades desde el hogar. Como muestra la siguiente imagen, los países en los cuales se observa mayor cantidad de trabajadores remotos es Holanda y Finlandia, con porcentajes superiores al 13%.

Por otra parte, la revista Forbes presentó en abril de 2020 un estudio de la Universidad de Chicago (Dingel & Neiman, 2020) que estima la cantidad de trabajos que potencialmente podrían realizarse de manera remota, lo que estaría asociado a la industria, ocupación y desarrollo económico de cada país. Respecto a las diferentes industrias, los servicios educacionales (83%); servicios profesionales, científicos y técnicos (80%); gestión de empresas (79%); finanzas y seguros (76%); así como información (72%) son las que tienen mejores posibilidades de adaptarse al teletrabajo, por lo que un gran porcentaje de personas en esas industrias podría trabajar desde sus hogares.

Por el contrario, las industrias donde la menor cantidad de trabajadores podría desarrollar sus labores a distancia son: transporte (19%); construcción (19%); comercio al por menor (14%); agricultura, silvicultura, pesca y caza (8%); así como los servicios de alojamiento y alimentación (4%).

En un listado de 86 países, se estima que Luxemburgo (53,4%), Suiza (44,8%) y Suecia (44,2%) tienen la mayor potencialidad de generación de teletrabajo, mientras que EE.UU ocupa el lugar 9 con 42% de puestos de trabajo que podrían desarrollarse de manera remota. Chile por su parte ocupa el lugar 44 de la lista y podría llegar a tener un cuarto de su población trabajando desde su casa (25,7%), muy cerca de Uruguay (27,2%) y Brasil (25,6%). 

Estos números son un reflejo de la estructura productiva de los países y del proceso de digitalización de sus ocupaciones. Nuestras economías en América Latina no están al día con los desafíos impuestos por la cuarta revolución industrial, y esta crisis puede ser una oportunidad para acelerar esa transformación.

Las transformaciones que trae consigo la cuarta revolución industrial es un aumento exponencial de la digitalización de los procesos productivos, la información y la toma de decisiones. Las economías más desarrolladas muestran mayor capacidad para adaptar sus ocupaciones al teletrabajo, porque este es en definitiva un indicador del avance de la digitalización. Mientras mejor nos adaptemos, no solo podremos trabajar durante el período de pandemia, sino que estaremos mejor preparados para la competencia que se inicia con este nuevo modelo productivo, donde la inteligencia artificial, el big data, la impresión 3D son la nueva manera de hacer las cosas.